GÉNERO

PLEBISCITO Y POSVERDAD

TESTUALIZACIÓN Y POLIFONÍA

IDIOLOGÍA DE GÉNERO

El concepto de “ideología” se alude a las tensiones sociales en busca de reconocimiento por el control del significado dentro de un sistema de ideas o creencias.

Observar la categoría género y rastrear sus representaciones es importante en la investigación para tener en cuenta las transformaciones en su contenido semántico: desde sus conceptualizaciones académicas y teóricas, hasta las apropiaciones del término en muchas de las reivindicaciones sociales contemporáneas, reconocen su trascendencia como herramienta política para movilizar la ciudadanía; esto permite entender su uso estratégico en la campaña del referéndum de los acuerdos con las FARC.

 

Para abordar el concepto de género es pertinente aclarar la distinción entre sexo y género, la primera concierne directamente a la diferencia entre los genitales relacionada con el rol que desempeña cada uno en el proceso reproductivo. El género corresponde más a la clasificación social de lo femenino y masculino, a ese reconocimiento cultural que cada sociedad da a la división sexual entre machos y hembras.

 

Desde la antropología se han realizado estudios para demostrar que una gran mayoría de las actitudes y comportamientos que son considerados como femeninos y masculinos al interior de ciertas sociedades, son solamente una respuesta a la clasificación determinada por la cultura.  Un estudio clásico es el llevado a cabo por Margaret Mead en Nueva Guinea en el año de 1963, dentro del cual se observaron tres culturas diferentes para demostrar que las funciones femeninas y masculinas, así como el temperamento, estaban determinadas no por la condición sexual, sino por la cultura.

 

En el primer grupo humano, los Aparesh, los comportamientos de hombres y mujeres, corresponden a los estándares que en occidente se determinan femeninos y masculinos; en un segundo grupo los Mundugamor, resultaron ser lo que denominamos masculinos.

 

En un tercer grupo, los Tchambuli, los roles de los hombres y mujeres son opuestas a las concepciones de lo masculino y femenino. Las mujeres son las fuertes económicamente, astutas, desentendidas del hogar y los hombres invierten mucho tiempo en la estética, cuidado de los hijos y sus sentimientos se lastiman fácilmente. (Nanda, 1987)

 

 Las demostraciones a través de este importante estudio permitieron desde la antropología presentar casos concretos sobre las relaciones entre la biología y la cultura, a través de otras culturas fuera del contexto de occidente.

 

El estudio de Mead demostró que todo el repertorio de comportamientos, emociones e intereses que se consideran masculinos o femeninos son conformados por la cultura. En el proceso de crecimiento, cada niño aprende cientos de detalles conformados culturalmente que se incorporan a su identidad de género. Además de todas las instrucciones directas que toda cultura imparte acerca de lo que es masculino y femenino, esta afecta la masculinidad y femineidad al proporcionar diferentes imágenes, aspiraciones y modelos de comportamiento para niños y niñas. (Nanda, 1987)

 

 

El término queer es un vocablo de origen inglés, que puede traducirse como extraño, raro, excéntrico, que genera duda, sospecha o cuestionamiento, vulgar, desviado, descarrilado o descaminado; y que ha sido apropiado y resignificado como signo de crítica, resistencia y protesta social; y que más que reivindicar una identidad, busca deshacer o resistir toda forma de homogenización cultural y sexual.

Del  posfeminismo a la teoría queer

La inclusión del enfoque de género en el plebiscito es mucho más compleja que lo que los colombianos entendieron. El papel de la mujer en el conflicto como víctima, objeto sexual, gestante de vida, sometida a abortos, su rol político, su situación no solo en el conflicto sino en el posconflicto, debe ser tenida en cuenta de manera diferencial.

Género y acuerdo de paz

Entre género e ideología

Por su parte la ideología de género se encuentra relacionada con una propuesta en la que predominan los intereses individualistas que busca un igualitarismo entre hombre y mujer, equiparando la mujer al hombre jurídica y socialmente. Lo que puede traducirse en una emulación de los espacios ocupados tradicionalmente por los hombres por parte de las mujeres, no obstante, no cambien los patrones de la modernidad.

 

Asociado a un feminismo radical que niega cualquier diferencia entre hombre y mujer y rechaza cualquier “orden natural” encadenado a leyes biológicas, la ideología de género defiende el derecho a la autodeterminación incluso para defender la identidad sexual, lo que implica una ruptura entre sexo y género, entre lo natural y lo adquirido, entre lo dado y lo construido, planteándolas como aspectos separados.

 

La separación entre sexo y género constituye una de las principales características de la denominada ideología de género, para la cual el ser humano nace sexualmente neutro y luego es socializado como varón o como mujer. Por ello, se proponen diversas formas

de género que dependen de la orientación sexual como el ser homosexual, lesbiana, bisexual o transexual, equiparándolas al ser heterosexual. (Novoa, 2012, pág. 350)

 

De esta forma la ideología de género considera que cualquier diferencia de sexo o de género, se traduce en el fortalecimiento del patriarcado y que para transformar esta opresión histórica debe dejarse de hablar de hombres y mujeres y superarnos como seres indiferenciados, que más allá del aspecto biológico asumen los roles que desean desempeñar en la sociedad.

 

Por lo anterior, la exigencia de una igualdad absoluta entre hombre y mujer conllevaría a la eliminación del sexo y el género como fundamentos de cualquier diferencia misma, lo que posibilita la emergencia de una serie de géneros como resultado de la orientación sexual de las personas en relación con su identidad sexual y su sexo; desarticulación que hace posible el surgimiento de la diversidad sexual sin discriminación, ni jerarquización social.

 

Inseparables del conjunto de prácticas sociales, las diferencias de género dejan su marca más o menos visible, más o menos constitutiva, en el hacer humano colectivo señala (Cháneton, 2007) en la introducción de “Género, poder y discursos sociales”. Texto en  el que propone un abordaje sociodiscursivo para el examen y comprensión del proceso de fabricación histórica de subjetividades, envueltos en la intrincada producción de significaciones identitarias, que denomina como semiósis de género, focalizando el caso particular de las prácticas subjetivantes relativas a las mujeres. La propuesta de semiosis de género tiene su arraigo en la apropiación parcial de la teoría de la semiosisocial de Eliseo Verón, en la que se comprende a la “discursividad como producción social de sentidos”. (Veron, 1993).

 

A partir de integrar desarrollos postfoucaltnianos de la teoría del sujeto dentro de una perspectiva materialista renovada del poder y lo social, su trabajo de análisis consiste en la descripción y caracterización de la construcción y circulación social de saberes relativos a las diferencias de género en su imbricación con las diferencias de clase y también de generación atendiendo a sus modalidades de existencia en el nivel enunciativo de los discursos sociales.

 

En el texto de Género, poder y discursos sociales (Chaneton, 2010), la autora ofrece con todo, una perspectiva de abordaje para indagar la relación entre género y poder, en tanto un poder que actúa en y por los discursos sociales, y desde ahí comprender a la socio discursividad como productora y desestabilizadora de las subjetividades. En líneas generales, su estudio resulta sumamente interesante en tanto presenta una tarea de nutrida sistematización teórica que articula las nociones de género, poder y discursos sociales.

 

Esta articulación ofrece una orientación para el abordaje que en esta investigación se pretende hacer al analizar construcciones discursivas, representaciones sociales y resultados electorales anclados en una mirada sobre la ideología de género. La noción de poder es fundamental para dar cuenta de que las representaciones en disputa corresponden a actores sociales que ocupan posiciones diferenciales en la estructura social, posicionamientos que condicionan su mirada respecto del género.

 

Para enriquecer la mirada sobre el género y las relaciones de poder es imprescindible remitirse a los estudios de Judith Butler en su texto “El marxismo y lo meramente cultural” la autora se involucra en dos discusiones teóricas que enunciadas como: la objeción explícitamente marxista a la reducción del conocimiento y el activismo marxista al estudio de la cultura, entendida en algunos casos como la reducción del marxismo a los estudios culturales” y las “tendencia a relegar los nuevos movimientos sociales a la esfera de lo cultural, en realidad, a despreciarlos alegando que se dedican a lo que se ha dado en llamar lo “meramente cultural, interpretando, de ese modo, esta política cultural como fragmentadora, identitaria y particularista. (Butler, 2000).

 

En su desarrollo la autora reconoce limitaciones del materialismo clásico y reinterpretaciones actuales que en sus análisis escinden la práctica política de diversos grupos sociales al reducir sus reivindicaciones de género a meras producciones culturales. Respondiendo a estas limitaciones la apuesta es reconocer la dimensión política y su imbricación con las prácticas culturales.

 

 

Universidad Santo Tomás, 2018. Convenio interinstitucional Universidad Jorge Tadeo Lozano - Universidad Nacional de la Plata