GÉNERO

PLEBISCITO Y POSVERDAD

Testualización y polifonía

INTERPRETACIÓN HERMENÉUTICA

“Creyendo con Max Weber que el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la cultura ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones”  (Geertz, 1997).

Como venimos desarrollando las producciones lingüísticas, los discursos, mantienen una relación estrecha con las condiciones de su producción, en palabras de Bourdieu el habitus, campo y mercado lingüístico. En las próximas páginas se desarrollara esta relación poniendo especial atención a la dimensión cultural del discurso. Partimos para ellos de considerar que el contexto es un concepto que goza de las mismas virtudes y falencias que el término cultura, ambos corren el riesgo de eclipsarse en su fuerza explicativa, esto es, así como tendemos a segmentar todo campo social como cultura; también tendemos a evitar la complejidad de lo social sintetizándola en el término “contexto” el cual puede remitir tanto a una situación inmediata como a rasgos de carácter sociohistóricos. (Rosboch, 2006 )

 

Cliffor Geertz pone en relación ambos términos y apuesta a la construcción de un concepto sociosemiótico de la cultura: Creyendo con Max Weber que el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la cultura ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones (Geertz, 1997). Partiendo, entonces, de esa concepción, considera que:

La finalidad de la antropología consiste en ampliar el universo del discurso humano (…) Entendida como sistema en interacción de signos interpretables (que, ignorando las acepciones provinciales, yo llamaría símbolos), la cultura no es una entidad, algo a lo que

puedan atribuirse de manera casual acontecimientos sociales, modos de conducta, instituciones o procesos sociales; la cultura es un contexto dentro del cual pueden describirse todos esos fenómenos de manera inteligible, es decir, densa.  (Geertz, 1997, pág. 27)

 

Geertz propone interpretar el hecho cultural desde una visión microsociológica, esto es, fijar el discurso social en “enunciaciones etnográficas” que permitan el debate, poner en conversación nuestras interpretaciones, de forma tal que podamos descubrir las estructuras conceptuales de esa trama de significaciones que logramos plasmar. La cultura así es comprendida como texto, ese recorte que el antropólogo o analista social pudo recrear en su etnografía.

 

Si bien a esta postura se le realizan muchas críticas en particular al enfoque metodológico y epistemológico que promulga el “relativismo cultural” (Thompson, 1993) es importante rescatar las posibilidades que abre para el analista la propuesta semiótico/interpretativa del estudio cultural como la apertura del análisis hacia una formulación metodológica que permite entretejer observaciones con marcos teóricos profundizando en la semiosis social. Pero también podemos hacerle, al menos, una observación a esta propuesta metodológica: al fijar la trama cultural para posibilitar su estudio, propone la textualización de la cultura perdiendo, con todo, su dinamismo.

 

Esa crítica es expresada claramente por James Clifford, quien observa que el problema de la textualización de la cultura radica en que en ese proceso se desvincula a los actores de sus producciones, los textos se tornan en traducciones, y por tanto, producciones del etnógrafo, mientras que el etnografiado se transforma en un autor generalizado que se comprende en los límites impuestos por el juego que se entabla entre interpretación y el contexto de la trascripción. Intentando superar este sesgo el autor asume que:

Las palabras de la escritura etnográfica, por lo tanto, no se pueden construir como sifueran monológicas, como afirmaciones autoritarias sobre, o como interpretaciones de una realidad abstracta y textualizada. El lenguaje de la etnografía está atravesado por otras subjetividades y por resonancias contextuales específicas, puesto que todo lenguaje, en la concepción de Bajtín, es ‘una concreta visión heteroglósica del mundo.  (Clifford, 1995, pág. 62)

 

La etnográfica polifónica, con el fin de evitar el control de la visión totalizadora que implica la trascripción etnográfica como producto terminado, propone un espacio textual donde la palabra del informante tenga la suficiente longitud como para que el sentido de sus apreciaciones puedan diferir de las interpretadas por el etnógrafo. En palabras de María Eugenia Rosboch:

Desde esta perspectiva, entonces, vemos como el estudio cultural, como trama discursiva social, transita de la visión que lo comprende como conversación fija en un texto para pasar a una noción que la sitúa como diálogo intersubjetivo propio del relato novelado. El diálogo que se propone desde la etnografía polifónica y la textualización de la cultura con dichas perspectivas de la lingüística nos muestran un intercambio donde si bien los estudios de la lengua le otorgan el marco epistemológico en el cual sustentar sus fundamentos, la perspectiva antropológica innova y ahonda de forma notable en los métodos mediante los cuales se pueden llevar a cabo rigurosos estudios culturales asumiendo subjetividad implícita en la interpretación. (Rosboch, 2006 )

 

 

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